Teoría de la Comunicación Humana

Reflexionando un poco, y según los estudios de las últimas décadas, podríamos estar deacuerdo con la siguiente afirmación: “La realidad del ser humano es su pensamiento”. Independientemente de nuestras creencias (si creemos que existe una realidad objetiva o si pensamos que no existe una realidad como tal; si creemos que podemos conocer la realidad tal y como es o si pensamos que por mucho que desarrollemos nuestras teorías estas nunca describirán la realidad con exactitud) podemos afirmar que, en cierto modo, la realidad en la que vivimos cada día es la que hay en nuestra mente: la conforman nuestras ideas, creencias y concepciones, valores, recuerdos, etc.

Es cierto que parte de la realidad que observamos proviene de lo que perciben los sentidos. Pero, dejando de lado que los sentidos perciban más o menos correctamente, el significado e interpretación que damos proviene de nosotros mismos. A esto le añadimos toda nuestra cosmovisión del mundo que se mencionaba antes. Podríamos decir sin titubear demasiado que entonces somos nosotros los que construimos la realidad “personal” en la que vivimos cada día y construimos nuestra identidad. Este tema, aunque un tanto filosófico y abstracto, es de lo más importante, pues según entendamos el mundo vamos a actuar y decidir de un modo u otro.

Esta introducción nos lleva finalmente al tema del lenguaje. Pues si nuestro pensamiento es, en cierto modo, la realidad en la que vivimos, entonces el lenguaje es la principal herramienta con la que construimos esa realidad. Nosotros pensamos con el lenguaje, especialmente con palabras. El mundo en el que vivimos es uno de significados, y las palabras son un vehículo de esos significados. Al mismo tiempo, no podemos decir que solamente vivimos en una realidad “personal”, también vivimos en una realidad compartida con otras personas. Por ejemplo, las fronteras entre países, el dinero o el sistema educativo, no es la realidad de una persona, sino de muchas. Y esa realidad no es construida por uno, sino por muchos. Esta realidad “social” también la construimos a través del lenguaje, pero más especialmente a través de la comunicación.

La comunicación, por tanto, es de suma importancia pues con ella co-contruimos la realidad común en la que vivimos con más personas. A través de la comunicación nos entendemos y se conectan nuestros mundos personales (nuestras mentes), formando mundos colectivos más complejos. A través de ella nos acercamos o nos distanciamos, construimos un tipo de relación u otro; gracias a ella nuestro propio pensamiento se clarifica y las ideas que tenemos son influidas por los demás.

No es fácil teorizar sobre la comunicación y definirla. Pero una aproximación a ella puede ser la Teoría de la Comunicación Humana, cuyos principales teóricos fueron P. Watzlawick, D. Jackson y J. H. Beavin. A continuación, para acercarnos al apasionante mundo de la comunicación, se presentan los principales postulados de la Teoría de la Comunicación:

  1. No es posible no comunicar

Toda acción humana que hagamos (o no hagamos) tiene un significado comunicativo para otras personas, incluso la inacción o el silencio tiene un significado para otros. Es imposible “no-comportarse”, “no-actuar” y si toda conducta tiene un valor de mensaje o un significado entonces no es posible “no-comunicar”. Cada cosa que hacemos, o que no hacemos, influye sobre los demás. Y los demás, al recibir la influencia de cualquier cosa que hagamos, no pueden dejar de responder (o comunicar) a nuestras propias comunicaciones. Para muchos es muy doloroso un silencio o nos desconcertamos cuando no nos miran mientras hablamos, entendemos que detrás de eso hay un mensaje.

  1. Nivel de contenido y nivel de relación

Toda comunicación tiene dos niveles, uno de contenido y otro relacional. El primero transmite información, el segundo indica cómo debe entenderse ese contenido, indica el tipo de relación entre los comunicantes. Es decir, no solo comunicamos una información sino que también comunicamos que tipo de relación hay entre nosotros. El contexto transmite la forma en la que ha de entenderse el tipo de relación que hay entre los comunicante y, por tanto, influye en cómo interpretamos el contenido. Entre estos dos niveles pueden darse combinaciones diversas, por ejemplo dos personas pueden estar en desacuerdo en ambos niveles; o pueden estar en desacuerdo sobre el contenido, pero la relación está en armonía, ambos coinciden en qué tipo de relación tienen; o estar de acuerdo con el contenido pero no en el relacional. Además pueden darse confusiones en los dos niveles, por ejemplo cuando el contenido de un mensaje está en contradicción con la relación que se está estableciendo; o cuando intentamos solucionar un problema relacional en el nivel del contenido, o viceversa. Estas combinaciones se presentan, por ejemplo, cuando hacemos un pacto con una persona con la que no tenemos buena relación; o cuando una pareja discute sobre un asunto, pero no cuestionan por ello su relación; o cuando se discute sobre un tema trivial cuando en realidad el desacuerdo está en el nivel de la relación.

  1. La puntuación

La puntuación de una secuencia de hechos hace referencia a cuándo se define que comienza una secuencia comunicativa. Podemos decir que las comunicaciones entre las personas se suceden unas a otras continuamente y cada comunicación surge como respuesta a otra anterior junto con una amplia gama de factores. Un conocido chiste que se cuenta entre psicólogos ilustra esta idea. Skinner, un conocido conductista, en sus experimentos enseñó a unas ratas a pulsar una palanca mediante el refuerzo de bolas de comida. En cambio, si la rata pudiera hablar, esta le contaría a su amiga que ha enseñado a un humano a darle comida cada vez que pulsa una palanca. La puntuación, podemos decir, organiza los hechos y las descripciones que hacemos del mundo. Este es uno de los postulados más interesantes y con más aplicaciones. La puntuación siempre es algo arbitrario, pero depende de cómo lo hagamos entendemos una cosa u otra. Por ejemplo, una madre podría contarnos que su hijo tiene problemas de concentración y ella intenta ayudarle a estudiar, pero su hijo es un cabezota y no acepta la ayuda, terminan enfadándose y dejan de hablarse unos días. En cambio, el hijo nos podría contar de la misma situación que él quiere estudiar solo, pero su madre le desconcentra preguntándole cómo va y cuándo se pondrá a estudiar, hasta que finalmente la madre se sienta con él y no le deja estudiar solo, y finalmente discuten ambos. ¿Quién lleva la razón? Ambos y ninguno. Depende de cómo puntuemos los hechos y por dónde comencemos a contar la historia. Probablemente si preguntáramos al padre, ¡puntuaría los hechos de otra forma!

  1. Comunicación digital y analógica

La comunicación tiene otros dos niveles. La analógica es la no-verbal y se observa en el ritmo, el tono, la postura, etc. Esta también puede implicar las analogías y lo simbólico, lo que se comunica a través de ejemplos e ideas que van más allá de las palabras. La digital es la verbal, lo que se transmite a través de las palabras. Este postulado guarda relación con el anterior descrito en el epígrafe 2. La relación suele comunicarse a nivel analógico, y el contenido a nivel digital. Este postulado es importante porque suele ser la principal causa de los “errores de traducción”, es decir, cuando entendemos algo diferente a lo que la otra persona quiere comunicarnos. Un claro ejemplo es cuando hay contradicción entre estos dos niveles: decimos “no estoy triste” mientras estamos llorando desconsoladamente. Normalmente le damos prioridad al mensaje analógico (en el ejemplo, al hecho de llorar, cuya conclusión es que está triste) pero a menudo es más complicado y conduce a malentendidos.

  1. Simetría y complementariedad

Este último principio está basado en la igualdad y en la diferencia. Las personas que tienden a igualar sus comunicaciones o sus interacciones, tienen una comunicación simétrica. En cambio, los participantes que hablan desde posiciones diferentes tienen una comunicación complementaria. Algunos ejemplos típicos de simetría es la pareja, y de complementariedad un padre y un hijo. Aunque normalmente domine la simetría o la complementariedad, las relaciones que son únicamente simétricas o únicamente complementarias suelen acabar en problemas serios. Por ejemplo, una relación que es en extremo simétrica llevaría a tener una lucha constante, es decir, a una escalada simétrica. O un relación complementaria rígida puede llevar a la dominación y a la anulación de uno de los dos. Para que las relaciones perduren y se desarrollen, deben combinarse estos dos tipos de comunicación: una relación simétrica (de pareja) debe estar basada en una complementariedad alternante y una relación complementaria (padre-hijo) debe ser flexible y permitir la influencia en momentos de simetría.

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Esta teoría actualmente tiene sus principales aplicaciones en el campo de la psicoterapia y la resolución de problemas y conflictos humanos. Una manera de observar los problemas y las soluciones es través de la comunicación, es decir, cómo esta ha construido la situación actual y cómo a través de ella podemos transformar la realidad en la que vivimos. Espero que esta breve introducción a la teoría de la comunicación despierte el interés del lector.

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