Errores de la memoria: recuperación múltiple

Se sabe que la memoria no es tan fiable como creemos ya sea porque no podemos recordar algunas cosas o porque lo recordamos incorrectamente. Suele ser típico que ante el recuerdo de un determinado suceso las personas tiendan a recordar esa situación de forma repetida. Esto afectará poco a poco a cómo recordamos ese momento. En cada una de esas repeticiones se produce un fenómeno de recuperación de la información. En consecuencia se inicia un proceso denominado recuperación múltiple y fruto de ello es la paulatina modificación del recuerdo inicial que teníamos.

Nuestros recuerdos son como caricaturas de la realidad. En consecuencia, algunos rasgos que los componen quedan borrados y otros rasgos pueden sobresalir más que otros. En el momento en el que se nos solicita un que relatemos algún suceso se nos pide que lo hagamos de forma coherente y completa. Y es precisamente esto lo que hace que el recuerdo que tenemos se vea vaya deformando en el proceso de recuperación del recuerdo. Al recordar algo, para darle coherencia, rellenamos las lagunas que tenemos en la memoria y eso lleva a que hagamos inferencias a partir de nuestros conocimientos previos y posteriores al suceso que tratamos de recordar. No todas las inferencias serán incorrectas pero sí muchas. Nuestra imaginación también puede influir a la hora de rellenar estas lagunas. Además también puede haber teorías explicativas que tengamos de lo que sucedió, algo que también influye en cómo recordamos ese suceso determinado. Estas falsas memorias pueden alcanzar tal fuerza que pueden acabar siendo muy difíciles de arrebatar a la persona, dado que las considera como propias.

Tras un suceso concreto las personas van recordando los acontecimientos y detalles que han vivido. Solemos hablar de ello y revivirlo varias veces, en ocasiones contándolo y en otras reviviéndolo en nuestra mente. En el proceso de recuperación de un recuerdo se produce una reconstrucción y al hacerlo se añade información en las lagunas que tenemos o se reconstruyen las aparentes incoherencias que hay en el recuerdo.

Cuando almacenamos en la memoria un acontecimiento este pasa por varios filtros. El primer filtro son los sentidos físicos (vista, tacto, oído, olfato y gusto) que ya sabemos que distorsionan la realidad objetiva que hay a nuestro alrededor. El siguiente filtro muy importante es el lenguaje, según las palabras que usemos para describir los sucesos luego lo recordaremos de un modo u otro. Otro filtro son las emociones que nos generó ese acontecimiento (los recuerdos están fuertemente asociados a las emociones). Aunque hay más filtros, el último importante que mencionaremos son los conocimientos y recuerdos previos que tenemos en la memoria, pues este nuevo recuerdo quedará relacionado con ellos de alguna manera, de modo que toda nuestra red de conocimientos y memoria tenga coherencia (esto también influye en que dos personas no almacenan del mismo modo la misma información). Por lo tanto, al almacenar un recuerdo este ya se ha distorsionado al compararlo con cómo sucedió realmente. Al recuperar el recuerdo éste vuelve a pasar por todos estos filtros pero en orden inverso, por lo que de nuevo vuelve a sufrir una distorsión como consecuencia. Por lo tanto, la conclusión que podemos sacar es que cuántas más veces recuperemos un recuerdo más se distorsiona éste comparándolo con cómo sucedió realmente.

El efecto positivo de recuperar un recuerdo una y otra vez es que se resiste más al olvido. Cuánto más repasemos una situación más lento se hace el proceso de olvido, pero esto tiene un precio, la distorsión del recuerdo. También hay un mayor número de errores cuando se emplean las emociones como claves para el acceso a la memoria. De todas formas, estos sesgos en la memoria no son iguales para las características internas del recuerdo (lo emocional y afectivo, las suposiciones) que paras las características externas (elementos físicos de la situación del recuerdo), aunque ambas sufren este efecto de la recuperación repetida.

Hay más elementos que influyen a la distorsión del recuerdo, como el paso del tiempo, que la situación se viviera con ansiedad o la información relacionada con ese recuerdo proveniente de otras fuente que recibimos a lo largo del tiempo (por ejemplo lo que nos cuentan otras personas de lo que sucedió).

Esto nos hace ver que la memoria no es exacta y comete muchos errores al rememorar los acontecimientos de nuestra vida (no es igual en la memoria en la que almacenamos conocimientos del mundo que no están asociados a sucesos de nuestra vida, como las matemáticas, geografía o recetas de cocina). Los recuerdos no los almacenamos en forma de película que luego reproducimos tal y como sucedieron, es un proceso más complejo y frágil.

¿Qué podemos hacer para asegurarnos que recordamos con exactitud los eventos de nuestras vidas? Desgraciadamente no mucho, parece ser que estos sesgos en el recuerdo son inevitables. Algunas cosas útiles pueden ser escribir lo que nos sucede al poco tiempo de vivirlo, de manera que podamos volver a leer lo acontecido y que nuestro recuerdo no se aleje mucho de ello. Ser conscientes de que estos errores ocurren también es útil, pues nos hará buscar más fuentes de información a parte de nuestra memoria.

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